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viernes, 17 de junio de 2016

LA GRIETA ARGENTINA ES SANADORA EN EL CORTO PERO PERJUDICIAL EN EL LARGO PLAZO

La grieta, la grieta, se ha hablado mucho acerca de ella. Entiendo que ha sido el periodista Jorge Lanata quien inauguró el concepto para definirlo desde un aspecto político, pero el mismo tiene un trasfondo que traspasa lo que habitualmente se habla de ella.





En una nota para el diario comercio y justicia sobre los problemas de fondo de la Argentina he tocado el tema sin hacer una mención expresa.

¿Qué es la grieta?

 Hace referencia a una división y la pregunta es si está mal que exista. Para ello, planteo dos escenarios, el corto plazo y el largo plazo.

¿Por qué es sanadora en el corto plazo?

Cuando uno sufre un corte con un elemento que infecta, se produce lo que comúnmente se conoce como pus. Es importante que supure y que sea eliminado para que la herida pueda cicatrizar de manera adecuada. La infección de la Argentina es profunda, y lo que se observa en la superficie es la corrupción. La corrupción que va de un simple hecho aislado a una red, a un proyecto de inversión planificado y aceitado que involucra al primer nivel en lo más alto de la escala decisoria y desde allí hasta el nivel más bajo.


La situación actual en la Argentina, (es una visión personal puesto que no tengo forma de medir en términos porcentuales) que imagino, es un 90% - 10% para poder graficar el cuadro. Esto significa que (por suerte), el 90% de los Argentinos, podría encontrar en lo que se conoce como “derecha, centro, izquierda” en política, algún sistema o modelo que lo represente como así también figuras políticas de ese amplio espectro no emparentadas con la corrupción y de una trayectoria impecable, por lo menos hasta el presente. Ese 90% se encuentra en condiciones de negociar, de aceptar críticas, de aceptar ser persuadido y persuadir, somos todos los que podemos intercambiar opiniones, tener puntos de visto opuestos pero la suficiente capacidad como para ponernos de acuerdo en ciertos temas comunes que nos afectan, por ejemplo: inflación cero, control irrestricto de los tres poderes del estado, educación primaria y secundaria obligatoria en todo el país, etc.


La grieta en el corto plazo es sanadora porque se mantuvo oculta durante mucho tiempo, latente a la espera de ser puesta de manifiesto de manera cruda. Era imprescindible que salga a la luz y que ponga al descubierto estas formas de pensamiento nocivas que se encuentran en la vereda de enfrente y que representan ese 10% restante. Si no se hubiera manifestado, no podríamos estar en condiciones de reconocer el flagelo e intentar trabajar en la solución de fondo. Entiéndase que digo: 90 – 10, si la cosa fuese 50 – 50, tendríamos problemas aún más graves.


¿Por qué tendríamos que luchar artificialmente para cerrar la grieta?

Algunas personas de los “medios de comunicación”, incluso figuras del pensamiento y la política creen que la grieta se cierra sentándose al lado del que se encuentra dentro de ese 10%, o aceptando su punto de vista. Es un error básico que no puede ser considerado en el corto plazo. Ese 10% representa el “fundamentalismo”, concibe la política como algo dogmático, como una cuestión de FE, no pone en tela de juicio a los protagonistas y de hecho, niegan la realidad, la relativizan, la minimizan, la rechazan, buscan ensuciar para decir que “son todos iguales”, incluso se ha llegado a echar mano a la física cuántica ante el aluvión de pruebas testimoniales, fílmicas, escritas, etc. Esto no tiene nada que ver con el concepto oficialismo – oposición. Existe tanto fundamentalismo de un lado como del otro.


No es posible compartir algo con alguien que defiende la corrupción porque se transforma en cómplice. No es posible hacerlo si uno tiene una escala de valores y principios y cree en las trayectorias y la honestidad. La gente honesta no puede convalidad la deshonestidad. Por eso en el corto plazo, la grieta no puede cerrarse, no puede hacerse si ese 10% no cambia y se suma al 90% restante, lo cual no quiere decir que comparta una misma visión política.

“La grieta es la consecuencia de un deterioro pronunciado y ascendente del nivel cultural y educativo de la sociedad”.


La educación y la cultura se han derrumbado como valores, como objetivos básicos de la gente. En el pasado era considerado vital para el ascenso social. El fundamentalismo es la consecuencia de la falta de capacidad para razonar y aprender en el sentido más profundo de la palabra. No tiene que ver con el dinero, ni siquiera con los pergaminos con los que uno cuenta. Tener un título de doctor, no te hace doctor, del mismo modo que tener una placa no te convierte en policía. El dinero es el menos indicado para diferenciar a una persona bien educada de aquella que no lo es.


“Algunos creen que el problema de la educación se circunscribe a la falta de una computadora por alumno, o al hecho de que los egresados del nivel secundario no comprenden texto, no entienden lo que leen”.

Por supuesto que lo mencionado es importante y debe corregirse, pero, periodistas, pensadores, actores, investigadores, personas acostumbradas a interpretar textos, a escribir, a analizar datos, se someten al fundamentalismo sin mostrar la menor duda sobre dichas creencias, entonces, el problema cultural y de educación con el cual tenemos que batallar, es mucho más profundo que los problemas puntuales que hallamos en el nivel secundario.


¿Por qué la grieta sería perjudicial en el largo plazo?

La respuesta es sencilla. Hasta ahora, venimos perdiendo las batallas por la educación y la cultura, pero todavía podemos ganar la guerra. Si la grieta persiste en el largo plazo, representaría el perder la guerra. Significaría que habremos fracasado en el intento de mejorar los niveles culturales y de educación.
La grieta será eliminada y los argentinos podremos unirnos definitivamente, no cuando pensemos igual, o pertenezcamos a un mismo partido político sino cuando recuperemos la escala de valores que hace a un país trascender. Como hemos mencionado en la nota para el diario comercio y justicia, el problema de la Argentina no es la economía. Tuvimos cientos de miles de dólares en inversiones y seguimos igual que antes, logramos el status inflación cero y volvimos al 40% anual, tuvimos accesos a créditos baratos y terminamos endeudándonos por el doble o triple. Tuvimos y tendremos oportunidades, el mundo las seguirá concediendo pero si no corregimos los dos problemas de fondo de la Argentina, el nivel de la cultura y la educación y la calidad del liderazgo (mejores líderes toman mejores decisiones, líderes honestos trabajan para la gente, líderes deshonestos trabajan para sí mismos), seguiremos desperdiciándolas década tras década. Una frase que suelo utilizar es aquella que se conoce en el mundo para identificarnos. Es un poco vieja pero muy efectiva y descriptiva.


Se dice que en el mundo hay cuatro clases de países, los desarrollados, los subdesarrollados, el Japón (el milagro de tener mucho con prácticamente nada) y la Argentina (un país que podría tenerlo todo y tiene más problemas que beneficios).

¿No le parece?



Lic. Claudio M. Pizzi
Director

www.dorbaires.com