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viernes, 25 de marzo de 2016

Una visión realista y de sentido común sobre la inflación en Argentina

La Argentina es un país muy difícil. Nosotros los argentinos somos personas difíciles. Nos cuesta poder razonar y entender las cuestiones sin entrar en el fanatismo.

Cuando analizamos un hecho  en política y damos una conclusión, es muy probable que en dicho estudio, intervengan dos factores, llamémosle el factor “técnico” y el factor “político”. En la argentina, gracias a la “famosa grieta”, algunos personajes suelen introducir uno nuevo, el factor “fundamentalista”.

¿A qué le llamamos factor técnico, político, fundamentalismo?

Todos nosotros somos “tomadores de decisiones”, pero no siempre somos conscientes de ello. Tomamos decisiones instintivas, otras racionales, y otras emocionales. Lo hacemos desde niños.

Cada palabra que elegimos decir, comunicar, es una decisión en sí mismo. Cuando hablamos de las decisiones que tomamos cuando ostentamos algún tipo de poder (seamos jefes de sector en una empresa, ministros, o gerentes generales o presidentes), en dichas decisiones se encuentran implícitas estos factores.

Cuando una persona, introduce en la toma de decisiones, o en el análisis de un tema, el factor fundamentalista, termina obteniendo una conclusión equivocada, y/o  tomando una mala decisión. Si el nivel de poder y control de recursos de esa decisión tomada es elevado, el daño que puede producir, es  importante. Los liderazgos fundamentalistas le hacen mucho daño a los países.

Vamos a dar un ejemplo concreto: El problema de la inflación en Argentina.




Nivel técnico: 1 la inflación es elevada (reconocimiento del problema), 2 debemos reducirla (objetivo), 3 es necesario desarrollar un plan antiinflacionario (acción concreta), 4 la inflación es manejable (idea sobre el problema).

Nivel político: opción A (buscar acuerdo de precios y salarios en una concertación e inversiones para ampliar la oferta de productos, tender al equilibrio presupuestario) – opción B (reducir los salarios que paga el estado, incluido los jubilados) – C (aumentar los salarios por encima de la inflación emitiendo moneda)

Nivel fundamentalista: opción A (el efecto inflacionario debe pagarlo enteramente los consumidores porque siempre ha sido así) – opción B (la inflación no existe, no es un problema).

Como vemos en este ejemplo, ante una situación “X” podemos encontrar los dos primeros componentes, el técnico y el político. Estos dos elementos no son nocivos si la combinación es adecuada. Utilizando la regla de Pareto, podemos decir que si a un problema a resolver, le buscamos una solución 80 – 20 (80% técnica – 20% política), lo más probable es que “la cura, sea peor que la enfermedad” porque eso sería en nuestro ejemplo, tomar las siguientes decisiones:

 Nivel técnico (123) (reconocer y actuar sobre el problema) + Nivel político (B)  (ajustando los salarios de los consumidores = graves consecuencias sociales

Si en cambio, la búsqueda de la solución fuere (80% política – 20% técnica), lo más probable es que el problema no sea resuelto, y además se complique en el mediano y largo plazo. Esto sería
Nivel técnico (4) (la inflación es manejable) + Nivel político (C) (aumentar los salarios por encima de la inflación emitiendo moneda) = agudizar el problema en el mediano y largo plazo hasta que se produzca un crack económico producto de un elevado déficit acumulado.

Como vemos, ninguna de las opciones es un camino razonable, “de sentido común” porque el caso Nivel técnico (123) + Nivel político (B),  representa el “pragmatismo extremo” y el caso  Nivel técnico (4) + Nivel político (C), representa el “populismo”.

Imaginemos si a estos dos componentes, le agregamos una dosis de “fundamentalismo”,  en las dos versiones mencionadas, la opción A o B. El efecto en el diagnóstico, la toma de decisiones y las conclusiones serían muy negativos.

La inflación en la Argentina, y solo en Argentina, es un problema cultural que tiene efectos en la economía, porque a lo largo de la historia, nunca hemos encontrado el balance adecuado entre lo técnico y lo político en primer término, y porque a la situación analizada, en diferentes tiempos, le hemos agregado “fundamentalismo puro”.  Como todos sabemos, el fundamentalismo es una cuestión de fe, en  donde nada es posible discutir si se aparta del dogma.

Es por ello que cualquier plan antiinflacionario puede fracasar ante personas que lleguen al poder y piensen que “la inflación no es un problema”. La solución no se encuentra en las ciencias económicas, se encuentra en las ciencias de la educación. Las ciencias económicas en la Argentina, manejan problemas coyunturales, no de fondo, por lo menos, HOY.

Para resolver el problema de la inflación, primero debemos “educarnos y entender profundamente su significado”, entender que representa en términos de daño presente y futuro y descartarla como herramienta de uso político para generar empatía con los votantes, mostrándole la ilusión de un bienestar pasajero, cortoplacista.

¿Por qué es un problema de educación y no económico – financiero?

La respuesta la obtenemos de la historia. Los argentinos hemos vivido períodos largos de inflación e hiperinflación que en muchos casos, no tan solo terminaron licuando los bienes de las personas, sino también terminando con sus vidas. Las mediciones del año 45 hasta la fecha, dan los valores más dispares posibles, que van desde un 4% al 39% en las presidencias de J.D. Perón, de un 13% a un 113% en la etapa Frondizi, de un 10%% a un 430% en la etapa defacto, de un 600% a un 3000% en la etapa Alfonsín, pasando por un 0,1% en la etapa de C.S. Menem, hasta un 40% en el gobierno de los Kirchner.  Como vemos, la inflación estuvo presente en toda nuestra historia, pero hubo momentos en donde fue baja y controlada.

El problema es de “educación” porque  en un pasaje de la democracia (década de los 90) logramos extinguirla luego de haber aprendido acerca de sus consecuencias, pero lo hicimos pagando un precio elevado, y volvimos a caer en la “trampa de los extremos”. No entendimos que lo que había que cambiar era el plan económico, y no los objetivos antiinflacionarios.

La inflación es la herramienta perfecta del populismo y el populismo representa graves problemas de educación de una sociedad. Ningún extremo es bueno en este aspecto.

La Argentina tiene la obligación de buscar un camino realista y de sentido común. Ese camino debe ser una ancha avenida de matices. Debemos tener la capacidad de manejarnos dentro de los límites de esa avenida, a veces por el centro, otras un poquito más a la izquierda, otras un poquito más a la derecha, pero siempre dentro de los límites, evitando las banquinas, porque ellas representan las falsas opciones, “el pragmatismo extremo o el populismo” y hoy sabemos que ninguno de estos aspectos ha funcionado a lo largo de nuestra historia pasada y reciente.


Fuente imagen: http://www.ambito.com/noticia.asp?id=786511

Lic. Claudio M. Pizzi
Director
www.dorbaires.com



jueves, 18 de febrero de 2016

Argentina crecería 4 por ciento en 2017 y obtendría el mejor porcentaje de la región


Según la consultora ABECEB, la mejora sería impulsada por alguns sectores clave. El análisis de Dante Sica.
Después de cinco años de estancamiento, el país podría finalmente cerrar un diciembre con noticias industriales positivas. Según la consultora ABECEB, dirigida por el economista Dante Sica, Argentina liderará el crecimiento en la región con un porcentaje del 4 por ciento. Así, a partir de estas estimaciones, la economía local se ubicaría por encima del 1,6 por ciento de crecimiento pronosticado para los otros países de América latina.

“Muchas de las mejoras en la organización económica, como una mayor apertura y la revitalización de la iniciativa privada, entre otras, así como la inversión en infraestructura, deberán generar un impacto positivo sobre la productividad, lo que también ayudará a apuntalar el crecimiento”, afirma Sica en el comunicado. El director de ABECEB, que augura para 2018 cifras de crecimiento similares a las esperadas para 2017, advirtió que “de todos modos, se trata de tasas de expansión más moderadas que las verificadas en otras recuperaciones cíclicas de nuestra historia, cuando el PBI solía rebotar a tasas superiores al 6 por ciento anual”.


En ese sentido, el ex secretario de Industria y Minería de la Nación agregó: “Este comportamiento tiene que ver básicamente, por un lado, con un mundo que se presenta a mediano plazo más desafiante para los emergentes y, por otro, con el hecho de que el gobierno local en pleno proceso de corrección de los desbalances macro, no podrá apelar ni a la política fiscal ni a la monetaria como instrumentos orientados a lograr un mayor rebote del nivel de actividad”.


A partir de ese contexto, Sica, sostiene que la economía estará impulsada fundamentalmente por la inversión y que la iniciativa privada estará rodeada de un clima favorable. De esa forma, el agro, la industria farmacéutica y  la construcción serán algunos de los sectores que mejor performance tendrán a mediano plazo.


En el corto plazo, ABECEB reconoce que los referentes de la actividad ya comenzaron a plantear el escenario del año próximo para definir sus pasos en materia de inversiones, oportunidades y desafíos. Así, 2016 se despediría con un equilibrio del -0,3 por ciento, mientras que la reacción moderada del consumo privado –impulsada por una mejora del salario real y una leve recuperación del empleo privado–junto con el repunte de la inversión provocarían mejoras en la actividad económica.



FUENTE:  http://www.apertura.com/economia/Argentina-creceria-4-por-ciento-en-2017-y-obtendria-el-mejor-porcentaje-de-la-region-20160215-0003.html?utm_source=planisys&utm_medium=NewsletterApertura&utm_campaign=Apertura.com&utm_content=30&#

viernes, 18 de diciembre de 2015

Coherencia económica y empresarial se necesitan



NOTICIAS COMENTADAS

Funes de Rioja: "El empresario está sin hoja de ruta"
El titular de COPAL participó del encuentro con los ministros Prat Gay, Cabrera y Triaca, donde “se mencionó al pasar” el hecho de retrotraer los precios. Y aclaró que “primero hay que ver el total de medidas”. Por Joaquín Garau 17 de Diciembre 2015

El titular de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL), Daniel Funes de Rioja, explicó que el aumento de precios que se dio desde mediados de noviembre se debió a “la inflación” y no “voluntades especulativas”, aunque aclaró que la idea de retrotraerlos hay que analizarla “caso por caso”.

En diálogo con Apertura.com, Funes de Rioja explicó que durante el encuentro que tuvo COPAL con los ministros Alfonso Prat Gay, Francisco Cabrera y Jorge Triaca, se mencionó “al pasar” el hecho de retrotraer los precios a noviembre. “No sé de qué se trata esa cuestión genérica. Hay que verlo caso por caso”, advirtió y agregó que sí coincidieron en hablar de “las primeras metas a realizar, hacer reuniones periódicas con el sector empresario y de llegar a un acuerdo económico social en enero”. 


En ese sentido, aclaró que “el empresario está expectante, sin hoja de ruta” y que antes de especular hay que “ver el total de las medidas, ver qué se va a hacer desde el punto de vista fiscal, por ejemplo”.

Así, destacó que “desde COPAL están interesados en hablar de los costos de energía, logística y presión fiscal, entre otros. Ahora hay que sentarse y ver eso y a dónde van a ir las paritarias. Porque usted puede poner el aumento que quiera, pero si el consumidor no lo puede pagar no tiene sentido”.
Y agregó: “No nos interesa tener sólo buenos precios, sino también, y principalmente, buen consumo”. 

Mientras tanto, consultado sobre si una devaluación influye indefectiblemente en los precios, dijo que “la devaluación se traslada depende del componente importado que tenga el producto o del valor del commoditie que esté involucrado”.

FUENTEhttp://www.apertura.com/economia/Funes-de-Rioja-El-empresario-esta-sin-hoja-de-ruta-20151217-0007.html?utm_source=planisys&utm_medium=NewsletterApertura&utm_campaign=Apertura.com&utm_content=4&#

CONCLUSIONES

Un acuerdo de retracción de precios es "necesario" para evitar recargar a la economía con más inflación de la existente. Un acuerdo de precios no resuelve absolutamente nada porque es una sujeción artificial no amparada en el juego de la oferta y la demanda. El problema actual son la falta de inversiones y el retraso cambiario. Cuando se transparenta el segundo pero no llega lo primero, es muy difícil que el efecto no se traslade a precios. El punto es que las inversiones dependen de la actividad privada y fundamentalmente del nivel de consumo. Si a través de un aumento de precios, retraemos el consumo, será difícil la recuperación. Es por ello que resulta imprescindible que el efecto de la devaluación no se traslade con tanta fuerza a los precios, en especial a los bienes indispensables para la sociedad. La clase media puede sobrevivir con un automóvil más pequeño, o tomando vacaciones en lugares más económicos, pero existe una amplia franja de la población con muchos problemas económico - sociales.
La rentabilidad llegará en algunos casos, con un poco de retraso, y en otros, será algo menor, pero no se puede matar a la gallina de los huevos de oro. El mes de diciembre es especial porque en la argentina, existe la cultura de subir los precios, entendiendo que los consumidores tienen una mayor propensión de compra pero los aumentos sufridos desde noviembre a la fecha son escandalosos y no todos ellos, son por causa de la devaluación. Ser conscientes y responsables de la situación actual es imprescindible para poder salir de esta situación. No se puede dejar un precio flotar con absoluta libertad si la economía no se encuentra estructuralmente acomodada para poder absorber los desvíos porque quien sufre son los ciudadanos.

Lic. Claudio M. Pizzi
Director
www.dorbaires.com