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martes, 22 de diciembre de 2015

Psicología. La Empatía Cero y los 6 niveles progresivos de calidad empática.

Hemos hablado en este blog mucho del apego. Pero menos de la empatía, la otra capacidad parental fundamental. Hoy vamos a dedicar un post a la misma, a raíz de que he devorado, desde que llegó a mis  ,un libro de Simon Baron-Cohen (experto en el tema) titulado: “Empatía cero. Nueva teoría de la crueldad”

Publicado por la Editorial Alianza. Me ha sorprendido porque me ha aportado una visión hasta ahora desconocida para mí: no siempre tener cero grados de empatía (usando la expresión de Baron-Cohen) puede ser negativo.

La empatía 


El autor comienza exponiendo su   de empatía.

El núcleo fundamental de dicha definición es que para mostrar empatía o para ser empáticos debemos identificar lo que la otra persona siente o piensa y responder ante sus pensamientos y sentimientos con una emoción adecuada.

Ambos componentes son necesarios para que se dé empatía: reconocimiento y respuesta. Porque si se tiene la primera sin la última, no se empatizará en absoluto. Si un psicópata sintiera una punzada de lástima al violar a una   no lo haría en absoluto.

Probablemente, pueda identificar los pensamientos de la víctima pero no puede responder con una emoción adecuada ante los mismos. Porque para el psicópata el otro es un ello (objeto) y no un tú (sujeto)

El libro de Baron-Cohen es excelente porque además de definir la empatía, nos entrega un instrumento para medirla y establece, a partir del mismo, niveles de empatía.

Niveles de empatía


Nivel 0


Una persona que se encuentra en este nivel no tiene empatía en absoluto. En este nivel las personas son capaces de cometer delitos, entre los que se incluyen asaltos, asesinatos, torturas y violaciones. Cuando se les indica que han hecho daño a otros, esto no significa nada para ellos.
No pueden experimentar remordimiento o culpa, porque simplemente no entienden qué siente la otra persona. Para Baron-Cohen es el extremo máximo: lo que él denomina “cero grados de empatía”

Nivel 1


En este nivel una persona puede hacer daño a los demás, pero puede reflexionar hasta cierto   sobre lo que ha hecho y mostrar su arrepentimiento. Lo que ocurre es que llegado el momento no pueden detenerse. No hay respuesta emocional adecuada y por tanto, carecen de autocontrol.
Aquí se pueden incluir muchas personas que maltratan a los demás: pueden reconocer que está mal pero no pueden integrarlo en su mente para no pasar al acto. En determinadas circunstancias pueden activar la empatía pero les puede su temperamento violento.
Aquí podríamos incluir a los padres o cuidadores que en entrevista te dicen que sí, que no deben maltratar a su hijo pero ante una conducta de éste que valoran como intolerable, le pegan una paliza.

Nivel 2


Aquí se dispone de suficiente empatía para vislumbrar cómo se siente la otra persona, lo cual hará que evite cualquier  de agresión  . Sin embargo puede gritar y decir cosas dañinas a los demás. Necesita de otro que se lo haga notar y le diga que se ha excedido y ha dicho cosas que han podido herir.
Son personas que se meten constantemente en problemas debido a su   de  , ya sea en el   o en . A todos nos vienen a la mente nombres de personas que conocemos. Les cuesta, a pesar de los problemas que surgen, comprender qué es lo que han hecho mal.

Nivel 3


Estas personas, en este nivel, son conscientes de que tienen problemas de empatía y es posible que lo intente ocultar. Es un esfuerzo por fingir ser normal que puede ser agotador y estresante.
Las interacciones sociales les resultan complicadas porque no entienden las bromas de los demás, las expresiones faciales de los otros tampoco las comprenden bien y no están seguras sobre lo que se espera de ellas. Lo único que desean es estar solos y ser ellos mismos.

Nivel 4


Son personas cuya empatía se haya un tanto embotada. Tienen un promedio bajo de empatía. Prefieren conversaciones que se ciñen a tópicos que no incluyan emociones. Se sitúan más   que mujeres a este nivel; son aquéllos que prefieren arreglar un coche que sostener conversaciones sobre sentimientos.
Las amistades se basan más en actividades e intereses compartidos que en una intimidad emocional. Las personas con disposición al apego evitativo podrían situarse aquí.

Nivel 5


Las personas a este nivel poseen un nivel de empatía ligeramente superior. En este nivel se incluyen más mujeres que hombres. Aquí las amistades se basan en la intimidad emocional, en compartir confidencias, brindarse apoyo mutuo, palabras de comprensión… Hay sintonía y conexión emocional, propias del apego seguro.
Son personas cuidadosas en la forma de interactuar con los demás y se tienen en cuenta los sentimientos de los otros. Se dejan asesorar por los otros y sus puntos de vista en la toma de decisiones.

Nivel 6


Aquí se sitúan personas con una empatía extraordinaria. Se centran continuamente en los sentimientos de la otra persona. No escatiman esfuerzos para captar cómo se sienten y ofrecerles ayuda. Se dispone de un talento natural y extraordinario para sintonizar, conectar y resonar emocionalmente con las personas.
Quien está con este tipo de personas superdotadas para la empatía, sienten rápido que son capaces de captar su mundo interior y generar confianza y seguridad para poder abrirse.

Las carencias de empatía parental 


En el ámbito de la protección del menor, los adultos que maltratan a los niños (les pegan, lesionan, a veces con mucha crueldad; o les insultan y vejan psicológicamente, machacando su autoestima), se muestran negligentes (por ejemplo, salen de juerga y al día siguiente no se levantan hasta las cinco de la tarde, dejando a su hijo sin la atención y debida satisfacción de sus necesidades físicas y psicológicas durante horas) o abandonan (un padre que abandona el hogar familiar sin darle ninguna explicación coherente al niño/a, dejándole sumido en el dolor y en la desorientación) son personas que se sitúan como mucho entre el nivel 0 y 2. Lo más probable que entre el 0 y el 1.

Creo que es necesario determinar si el déficit de empatía causante de la incapacidad parental es permanente o transitorio (quizá determinadas condiciones de vida han desconectado temporalmente los circuitos de la empatía, pero cuando estas condiciones adversas se restauran, ese padre o madre pueden funcionar con niveles de empatía más altos)

Los niveles de empatía parental


En este sentido, creo que la clasificación que nos ofrecen los profesores Barudy y Dantagnan es muy clarificadora, y compatibiliza bien con los niveles que define Baron-Cohen. Creo que es más apropiada para el ámbito de la protección del menor:

Para Barudy y Dantagnan, “la empatía es un conjunto de constructos cuya finalidad es comprender la emoción del otro, comprender la respuesta emocional en uno mismo y tener en cuenta las características de la situación para finalmente tomar decisiones para una acción adecuada.

Barudy y Dantagnan contemplan los siguientes niveles de empatía en los padres y madres –o cuidadores– que capacitan en mayor o menor medida a los mismos en sus funciones parentales/marentales:

Ausencia de empatía: Son padres y madres que no pueden acceder al mundo emocional y a las necesidades de sus hijos. En este sentido, no hay capacidad reflexiva. Los padres no pueden ver a sus hijos como sujetos con ideas, intenciones o deseos propios.

Trastorno de la empatía: Los padres y las madres malinterpretan las señales con las que sus hijos manifiestan sus necesidades. Los padres y las madres tienden a proyectar sus propias vivencias o sentimientos en los niños.

Habilidad empática deficiente: Los padres y las madres tienen pocas habilidades sociales y comunicativas para expresar o transmitir lo que sienten a sus hijos. Pueden ponerse en su lugar y llegar a sentir como ellos pero no saben cómo transmitir esas vivencias.

Dificultad para la expresión de la empatía: Los padres y las madres no pueden expresar lo que sienten a sus hijos debido a contextos sociales estresantes. Por ejemplo: víctimas de pobreza, exclusión social, enfermedad, crisis económica, problemas de pareja, duelos no elaborados…”

Ausencia y trastorno de empatía son niveles entre 0 y 2 en la escala de Baron-Cohen. La habilidad y la dificultad para la empatía son niveles 3 y 4, de manera transitoria o permanente en la persona.

El libro “Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de Evaluación de las competencias y la resiliencia parental”, de Barudy y Dantagnan, es un completo y magnífico libro de obligada lectura, estudio y aplicación si se quiere tener una actuación responsable en los servicios de protección a la infancia o en cualquier ámbito en el que se trabaje con menores. En el mismo, incluyendo las fichas, se describe y detalla cuáles son las competencias parentales fundamentales y cómo evaluarlas.

El desorden de Cero Empatía


Cuando los niveles de empatía son muy bajos, casi ya en el cero, y de manera permanente, Baron-Cohen establece qué psicopatologías o desórdenes encajan adecuadamente en esos inquietantes cero grados: la psicopatía, el narcisismo y la personalidad límite. Para este autor debería de incluirse una categoría diagnóstica que se denominara trastorno de la empatía. En estos casos, en estos perfiles, tener cero grados de empatía es devastador para la sociedad.

Los padres o cuidadores en la zona más baja de la empatía son probablemente irrecuperables y la actuación de los sistemas de protección debe de velar siempre por el interés superior del menor. Además de cero grados de empatía es muy posible que encontremos en esos adultos perfiles de personalidad como los descritos, traumas no resueltos, trastornos disociativos…

Baron-Cohen describe y detalla muy bien cuáles son los circuitos cerebrales de la empatía y las áreas implicadas en el mismo y por lo tanto, afectadas cuando se padece cero grados.

Finalmente, el autor plantea que tener cero grados de empatía no siempre es negativo. Hay una faceta positiva. Se refiere a las personas afectadas de Autismo o Síndrome de Asperger.

Estas personas son extraordinariamente hábiles en sistematizar el mundo en base a reglas.
“Muestran problemas de empatía en su comportamiento porque no entienden las reglas y el mundo social y emocional de las personas. Pero no actúan, en su mayoría, de forma cruel con los demás. No son como los cero negativo psicopáticos.
La mayoría de las personas desarrollan sus códigos morales a través de la empatía, pero estas personas lo han hecho a través de la sistematización. Tienen un fuerte deseo de vivir con reglas, y esperan que los demás hagan lo mismo por una cuestión de justicia.
Teorías recientes han revelado la existencia de códigos morales súper desarrollados en personas con autismo que se muestran intolerantes hacia aquellos que infringen las reglas, dice Baron-Cohen.
A menudo son las personas con síndrome de Asperger las que saltan a defender a una persona que se le está tratando de forma injusta, ya que esto viola el sistema moral que han construido sólidamente a través de la cruda lógica”.

Sin embargo, en mi opinión, como cuidadores puede que no sean competentes porque es necesario mentalizar al niño y comprender su mundo emocional, ya que un menor, y menos un bebé, no pueden ser sistematizados en torno a reglas.

¿Para Qué Sirven Las Emociones?


Cristina Herce, amiga y colega que trabaja co-dirigiendo la empresa responsable del acogimiento familiar en Gipuzkoa (Centro Lauka) para la Diputación Foral, me envía este vídeo del programa de Eduardo Punset, Redes, acerca de para qué sirven las emociones. Ella nos proporciona, pues, la picada con la que habitualmente suelo cerrar todos los posts de Buenos tratos. Gracias Cristina, por enviarnos este vídeo.

“Había que prohibirlas, no se podía ni hablar. Las emociones había que desterrarlas. Pero la ciencia nos dice que no podemos vivir sin ellas, que no podemos decidir sin tenerlas en cuenta. No es positivo dejarse guiar sólo por las emociones sin regularlas, pero peor es vivir sin emociones” Así presenta Punset este documento gráfico que os recomiendo no os perdáis pues os ayudará a ser mejores personas con vosotros mismos, los demás y con vuestros hijos/as y niños/as.

 

Publicado por José Luis Gonzalo : Desde 1994 trabajo en mi consulta privada de psicología y psicoterapia en San Sebastián (Gipuzkoa) Desde 1999, he centrado mi campo de interés profesional en el ámbito de la clínica con especial interés en la psicología del apego y del trauma.


lunes, 10 de agosto de 2015

Empatía: Las nueve claves

Comunicación interpersonal: Las 9 claves que despiertan el poder de la empatía.

El poder de la empatía. 
Por Mercè Roura. 
Blog de Mercè Roura. 


Cultiva tu empatía, practica la humildad. 

Ser una persona empática te abre camino. Supone   un plus en muchos aspectos de tu vida. La empatía es una gran aliada, una gran inversión en el buen profesional que quieres ser y la persona extraordinaria que llevas dentro y aspiras a mostrar.

La mejor forma de “venderse” es evidenciar ante los demás que sientes como ellos sienten y que te importan. Y sobre todo, hacerlo de forma honesta y humilde.

1. No cortes el ritmo, deja fluir…

Escucha. Escuchando se aprende y se hace grande tu intuición. Aprendemos y maduramos a golpes y también observando con ojos hambrientos. Todo tiene un tiempo y un ritmo, no cortes ese ritmo que fluye en una conversación… Dedícale un tiempo.

2. Dí que sí

Asiente cuando te hablen, que se den cuenta de que escuchas de forma activa e interiorizas lo que dicen. Que te llega, que te salpica tu dolor y su emoción, que eres humano y que te conmueven sus sentimientos. Que quede claro que estás a su lado y que no es para quedar bien durante esos cinco minutos en los que tomas un café … Las personas no son un café.

Muchas personas no escuchan cuando les hablas, están ocupados mentalmente pensando qué van a decir y buscan el momento para interrumpirte, porque les interesa más quedar por encima de los demás que obtener información que les podría ser muy útil para conectar con esa otra persona y compartir un momento de cercanía. No pueden callar y esperar, quieren aparentar y marcar su territorio, dominar, dejar claro que ellos también tienen mucho que decir.

Cuando, precisamente, si alguien te está contando lo que le afecta y necesita hablar, detestará que hables tú y lleves la conversación a tu terreno. Le dolerá que destaques más tú en ese momento justo, que cuando le toca a él exponerse y, tal vez brillar en su exposición, le quites el puesto.

Una de las cosas que más angustian y fastidian en un diálogo es estar contando algo y ver que la otra persona calcula tus exhalaciones de aire para encontrar un hueco y poder hablar. Constatar que tiene el cuerpo hacia delante, en posición de ataque y preparado para contarte algo cuando aún no has acabado con tu explicación. Que incluso, en medio de tu disertación emotiva, es capaz de citar algo poco trascendente o distraerse con el paisaje que le rodea.

3. No siempre eres el protagonista de todas las historias

Hay personas que lo protagonizan todo, incluso las tragedias ajenas. Llegan hacer sentir culpables a los demás cuando está hundidos porque lo que les cuentan les afecta o distrae de sus obligaciones o planes. Personas de esas que te vienen a ver al hospital porque estás enfermo y en lugar de preguntarte cómo te sientes, darte ánimo y ayudarte a sobrellevar el mal momento, se dedican a decirte cómo les has fastidiado la tarde por tener que venir y las peripecias que han tenido que superar para hacerlo.

Personas que cuando otro es el foco de atención del grupo, aunque sea por una mala noticia, no saben encajar en su lugar y buscan desempeñar un papel más destacado hasta ponerse en evidencia, incluso. No puedes ser siempre el protagonista de todo ni es positivo para ti porque puedes sobrecargar a los demás. No protagonices los momentos estelares de otros, ni les usurpes su escenas…

4. Deja que te cuente su historia y se recree…

Que no pase el tiempo ni te importen los minutos. No hay medida para la compasión y la emoción, no hay reloj ante su dolor o ante su felicidad o su alegría si te cuenta que algo hermoso le sucede.

Recuerda que no eres el centro del universo. Si te cuenta su historia porque se siente mal, no busca que tú le cuentes la tuya, no al menos de buenas a primeras, y si no es para ayudarle sacando una moraleja que pueda echarle una mano. Para explicarle cómo superaste tú una situación similar.

A veces, alguien nos cuenta cómo se siente y nos habla de lo que le pasa y parece que se establezca una competición a ver cuál de los dos está más hundido o fastidiado. Cómo si pudiéramos calcular el dolor con un barómetro y decidir quién es el ganador. Si su historia es alegre, siéntete bien por él. Siempre he pensado que alegrarse de lo bueno que les pasa a los demás es muy saludable y que la dicha es contagiosa.

5. Da importancia a sus palabras y sus gestos.

Fíjate en sus palabras y el énfasis que pone en ellas, cómo las dice, por qué usa esas y no otras. Piensa cómo te sentirías tú en su lugar y lo que necesitarías, piensa qué esperarías tú de otra persona si te encontraras en su encrucijada.

6. Controla tu lenguaje no verbal, que note que le importas…

Mírale a los ojos y descubre qué te dicen. Mira con respeto, a rachas, no vayas a agobiarle o parecer inquisidor. No mires otras cosas, haz que note que te importa. Observa sus manos, su postura, ponte a su lado emocionalmente y deja que tu cuerpo transmita que lo estás de verdad, que vas en serio.

Toma la distancia adecuada, que no es otra que la que merece la situación. Pasa a una distancia más íntima si es necesario, sin invadir su espacio si notas que se aleja. Tal vez, no os conozcáis demasiado pero si la persona que tienes delante se abre ante ti, debes responder con apertura mental, que se note que la comunicación fluye. No te cierres, no te cruces de brazos y pongas una barrera entre vosotros.

A veces, nuestro lenguaje no verbal no transmite lo que sentimos porque nos ponemos corazas para disimular nuestras emociones. Otras, sencillamente no transmite empatía porque no sabemos usarla.

Algunas personas, cuando intentan escuchar el relato de otras sobre cómo se sienten, no saben cómo responder a las emociones y se ponen a bromear y a esquivar la profundidad del tema porque ahondar en los sentimientos les pone nerviosos. Eso es terrible para el que habla porque no sólo deja claro que no le importan sus sentimientos sino que además no le entiende y le parecen una estupidez.

7. Dale esperanza y no relativices.

Dale esperanza. No hace falta un “todo saldrá bien” porque hay situaciones en las que es muy obvio que no saldrá bien y, aunque toda situación tiene una moraleja y un aprendizaje, en un primer momento, si la realidad es muy dura, un comentario de este tipo puede parecer una frivolidad. No siempre se puede relativizar todo, hay muchas situaciones en la vida que requieren callar y abrazar, susurrar un “me tienes aquí contigo” y compartir un rato.

Además, hay muchas formas de esperanzar a alguien, sencillamente con un abrazo, un afectuoso golpe en la espalda, una mirada de cariño, un “estoy aquí pase lo que pase” le hará ver que no está solo, que alguien pensará con él soluciones si el problema empeora, que alguien le escuchará…

8. Sé oportuno…

El sentido de la oportunidad es casi un don, una consecuencia de cultivar tu intuición. Requiere un esfuerzo para concentrarse en vivir el momento presente, sin escuchar todas esas voces interiores que nos recuerdan que llegamos tarde, que tenemos prisa, que estamos cansados… Y requiere también saber encontrar el punto justo para actuar y las palabras adecuadas. Para ello hay que dejar de escucharse a uno mismo y sincronizarse con los demás.

No le hagas sentir culpable de nada. Todos somos responsables de nuestras acciones pero no deben ser una cruz que nos señale para siempre, sino una experiencia más que nos ayude a crecer. La palabra “culpable” y la sensación que lleva adherida son una losa, una mancha pegada que no se borra. No digas “te lo dije” porque con ello lo único que haces es quitarte de encima esa responsabilidad tú, para que quede claro que eres más sabio y ya tenías claro qué iba a pasar.

Deja las reflexiones para un momento más oportuno… Tal vez más tarde sea el momento de ayudarle a ver que es responsable en parte de lo que sucede y que (ahí está la buena noticia) por tanto, eso hace que tenga la llave de la solución y pueda salir de esta situación con nuevas herramientas para evolucionar como persona. Los responsables dirigen su vida y solucionan los conflictos, los culpables arrastran una culpa imaginaria como si fuera una sentencia inapelable.

9. Usa tus palabras, no las de otros…

Las palabras curan, son terapéuticas. No uses frases hechas y vacías. Busca las tuyas. Dosifica tus palabras como si hablaras con cuentagotas. Que no sobre ninguna, pero que no falte. Da importancia a la forma de decirlas, cuida el volumen. No fuerces el tono, acaricia cuando hables, susurra si hace falta, acompáñale con la mirada y la sonrisa. Sé firme si hace falta, siente, pero no en la tentación de regodearse en la tragedia.

Sé tú mismo, que te reconozca en lo que dices, que note que eres sincero y honesto, que sepa que no actúas… No actúes. Ponte en su lugar e imagina qué desearías tú si fueras él. Ponerte en su lugar no te hace pequeño, te hace grande… Recuerda que no se trata de fingir, sino de sacar de dentro esa parte que hace que el resto del mundo te importe.

Si todo esto te cuesta un esfuerzo inconmensurable, no lo hagas, se notaría que lo haces de forma mecánica y generaría justo en efecto contrario. Y si puedes, reflexiona por qué te cuesta tanto, ¿es porque miras a los demás desde abajo, pones corazas por timidez y te cuesta abrirte o hacerles un hueco o porque les miras desde arriba y no te parece que merezcan la pena sus pequeñas miserias?

Recuerda que una palabra amable cambia a veces el curso de una historia, no subestimes su poder. La capacidad de sentir lo que otros sienten no te deja en un segundo plano, te hace poderoso y te da infinitas posibilidades de crecer. Cuando aprendemos a servir a los demás, en un plano de igualdad, es cuando realmente somos grandes…

27 de marzo de 2015 de merce roura Mercè Roura
Soy periodista y me gustan las personas y las palabras. Desde hace tiempo trabajo en radio y televisión, tanto en informativos como en programas de debate sobre política y economía. En estos dos espacios he podido conocer personas y distintas maneras de ver la realidad.He colaborado en distintos medios de comunicación como El Periódico, Avui o emisoras como COM Ràdio u ONDA CERO. Me he dedicado sobre todo a la información política y económica. Ambas se retroalimentan, no saben vivir separadas.Me apasiona todo lo relacionado con la comunicación. Me interesan las distintas opiniones y todo lo que nos puede ayudar a huír de la mediocridad, la hipocresia y la ineptitud.Twitter: @merceroura Fuente: Mercè Roura Imagen: Friendly conversations http://manuelgross.bligoo.com/20150808-comunicacion-interpersonal-las-9-claves-que-despiertan-el-poder-de-la-empatia